Prismm propone software para ayudar a los bancos a conservar a los clientes que reciben herencias

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Recibir una herencia puede cambiar de forma significativa la relación de una persona con sus finanzas. Para los bancos, también representa un momento delicado: los fondos pueden llegar desde otra entidad y el beneficiario puede decidir trasladar su dinero, contratar nuevos servicios o buscar asesoramiento fuera de su banco habitual. Prismm propone software para ayudar a las entidades a acompañar ese proceso y conservar a los clientes que reciben una herencia, con una estrategia centrada en organizar la información y facilitar la atención.

Una transición financiera que pone a prueba la relación con el banco

La transmisión de un patrimonio no consiste únicamente en recibir una suma de dinero. Puede implicar cuentas, inversiones, propiedades, seguros, deudas y decisiones sobre la administración de los bienes. También puede coincidir con un periodo de duelo y con gestiones legales que exigen tiempo y atención. En ese contexto, la experiencia del cliente depende tanto de la claridad de los trámites como de la sensibilidad con la que se presta el servicio.

Para una entidad financiera, el cambio de titularidad o la llegada de nuevos fondos puede abrir una oportunidad para establecer una relación directa con el beneficiario. Pero esa oportunidad no está garantizada. Quien hereda puede conservar su banco de siempre, utilizar la entidad donde estaban depositados los activos del familiar o repartir su patrimonio entre varias organizaciones. La falta de orientación o una comunicación confusa puede inclinar la decisión hacia otra alternativa.

La propuesta de Prismm se sitúa en ese punto de contacto entre gestión patrimonial y experiencia del cliente. Su planteamiento es ayudar a los bancos a atender un proceso que suele involucrar distintas etapas y áreas internas. La tecnología puede servir para ordenar tareas y comunicaciones, aunque no elimina la necesidad de contar con personal preparado para comprender las circunstancias de cada persona.

Qué puede aportar el software a la gestión de una herencia

Las herramientas digitales aplicadas a la gestión de patrimonios pueden reunir información, mostrar el estado de los trámites y ayudar a coordinar las interacciones entre clientes y equipos del banco. En una situación sucesoria, esa organización puede reducir la repetición de solicitudes y hacer más comprensible qué documentación se necesita y cuál es el siguiente paso.

El valor de una solución de este tipo no depende solo de que digitalice formularios. También importa que permita gestionar una relación que atraviesa varias funciones: atención al cliente, operaciones, asesoría financiera y, cuando corresponde, especialistas en sucesiones. Si cada área trabaja con información aislada, el beneficiario puede verse obligado a explicar varias veces el mismo caso. Una plataforma que facilite la coordinación podría ayudar a ofrecer una atención más coherente.

Sin conocer los detalles operativos de cada implementación, el objetivo general de un software orientado a este problema puede describirse mediante capacidades como las siguientes:

  • Organizar las gestiones relacionadas con la recepción y administración de activos heredados.
  • Facilitar la comunicación entre el cliente y los equipos que participan en el proceso.
  • Dar visibilidad al avance de las tareas y a la información pendiente de aportar.
  • Apoyar una atención personalizada sin sustituir el criterio de los profesionales financieros o legales.

Estas funciones son útiles solo si se adaptan a las normas y procedimientos aplicables. Las herencias no siguen siempre una secuencia idéntica: pueden variar según el tipo de activo, la situación familiar y la documentación disponible. Por eso, el software debe permitir gestionar excepciones, en lugar de imponer un recorrido rígido que no refleje las necesidades reales del cliente.

La retención depende de algo más que conservar los fondos

En el sector bancario, retener a un cliente no equivale simplemente a impedir que transfiera el dinero recibido. La relación se consolida cuando la entidad demuestra que puede ofrecer una experiencia útil, transparente y adecuada a las necesidades de la persona. Un proceso sucesorio mal atendido puede debilitar la confianza, incluso si el banco mantiene temporalmente los activos en sus cuentas.

La herencia también puede modificar el perfil financiero del beneficiario. Una persona que antes tenía necesidades bancarias sencillas podría pasar a gestionar inversiones, afrontar obligaciones fiscales o planificar la compra de una vivienda. Otra puede preferir conservar liquidez y tomarse tiempo antes de decidir. La respuesta comercial, por tanto, no debería ser idéntica para todos ni asumir que recibir patrimonio implica querer contratar productos de inmediato.

El acompañamiento debe respetar el momento del cliente

La sensibilidad resulta central. El banco necesita ofrecer información clara sin transformar una situación personal en una oportunidad de venta apresurada. La automatización puede facilitar recordatorios y orientar sobre pasos administrativos, pero las conversaciones sobre objetivos, riesgos y decisiones patrimoniales requieren contexto y escucha. Una experiencia digital eficaz debe permitir que el cliente solicite ayuda humana cuando la necesite.

También conviene distinguir entre informar y asesorar. Explicar qué documentos hacen falta o cómo se tramita una gestión es distinto de recomendar una inversión. Las entidades deben definir con precisión qué puede comunicar el software, qué decisiones corresponden al cliente y cuándo debe intervenir un profesional cualificado. Esa separación ayuda a evitar malentendidos y protege la confianza.

Integración, privacidad y control de la información

Una plataforma de gestión hereditaria puede necesitar relacionarse con sistemas bancarios ya existentes. Entre ellos pueden figurar herramientas de atención, operaciones, gestión documental y administración patrimonial. La integración influye directamente en la utilidad: si el personal debe introducir los mismos datos en varios lugares, la carga de trabajo puede crecer y aumentar la posibilidad de errores.

La información vinculada a una herencia puede ser especialmente sensible. Puede incluir documentos de identidad, datos financieros, relaciones familiares y detalles sobre activos o beneficiarios. El banco debe establecer controles de acceso, mecanismos de protección y criterios claros para conservar o compartir esos datos. La comodidad de centralizar información no puede estar por encima de la confidencialidad ni de las obligaciones regulatorias.

La calidad de los datos condiciona la experiencia

La tecnología solo ofrece una visión fiable si los datos que recibe son correctos y están actualizados. Un nombre mal registrado, un documento incompleto o una discrepancia entre sistemas puede retrasar una gestión. Por ello, la adopción de software exige revisar cómo se incorporan los datos, quién puede corregirlos y cómo se comunica al cliente cualquier incidencia.

También resulta necesario explicar de manera comprensible qué información se solicita y con qué propósito. La transparencia sobre el uso de los datos reduce la incertidumbre y permite que las personas participen en el proceso con mayor seguridad. En una etapa que ya puede ser compleja, las instrucciones deben ser directas y evitar tecnicismos innecesarios.

Un reto organizativo para las entidades financieras

La introducción de una nueva plataforma no resuelve por sí misma los problemas de coordinación. El banco necesita asignar responsabilidades, formar a sus equipos y definir qué ocurre cuando un caso no encaja en el flujo habitual. Si las herramientas digitales y los procesos internos no están alineados, el cliente puede recibir mensajes contradictorios o quedar sin una respuesta clara.

La gestión de una herencia puede implicar plazos, comprobaciones y documentación que varían según las circunstancias. Por eso, el diseño de la experiencia debe equilibrar la estandarización con la flexibilidad. Automatizar tareas repetitivas puede liberar tiempo para atender consultas complejas, pero no debe convertir los procedimientos excepcionales en callejones sin salida.

Para evaluar una solución, una entidad podría observar aspectos como la facilidad para completar las gestiones, la claridad de las comunicaciones, la reducción de solicitudes duplicadas y la capacidad de resolver consultas. También sería relevante conocer si el cliente entiende qué debe hacer y si puede acceder a una persona cuando el sistema no responde a su situación. La retención, en última instancia, debe analizarse junto con la calidad del servicio, no como un objetivo aislado.

La oportunidad de construir confianza a largo plazo

La iniciativa de Prismm refleja un interés más amplio de las entidades financieras por acompañar momentos vitales que producen cambios en las necesidades económicas. La recepción de una herencia es uno de ellos porque puede reunir decisiones patrimoniales, trámites administrativos y una relación familiar compleja. Una solución especializada podría ayudar a ordenar ese recorrido y ofrecer al banco una forma más consistente de atenderlo.

El resultado dependerá de cómo se combine la tecnología con la atención humana, la protección de datos y el conocimiento de los procesos sucesorios. Si el software se limita a digitalizar formularios, su aportación será limitada. Si ayuda a reducir fricciones, coordinar equipos y ofrecer información comprensible, puede contribuir a que el cliente perciba al banco como un apoyo durante una transición financiera relevante.

Para los beneficiarios, la prioridad no es necesariamente conservar una relación bancaria concreta, sino resolver sus gestiones con seguridad y tomar decisiones informadas. Para las entidades, atender esa prioridad puede ser una vía más sólida para mantener la confianza que una estrategia centrada solo en captar los fondos heredados. El desafío de Prismm consiste, por tanto, en convertir la coordinación tecnológica en una experiencia realmente útil para quienes reciben un patrimonio y para los profesionales que los acompañan.

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